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Encontré a Dios en Only God Forgives (Nicolas Winding Refn, 2013)

06.12.2017

 

          Desde que se dio a conocer, Nicolas Winding Refn ha ido creando cada vez más detractores y defensores. En Valhalla Rising (2009) ya se podían anticipar algunos rasgos fundamentales de su particular lenguaje, en Drive (2011) demostró una capacidad más comercial y en Only God Forgives produjo una obra que va más allá de sus anteriores trabajos y a la vez sintetiza su forma de filmar. NWR es un director con una voz muy propia e inimitable, con un espíritu similar al de su compatriota Lars Von Trier aunque alejado aún de esas cotas de polémica. En esta película Refn se explora a sí mismo en profundidad y experimenta con el lenguaje cinematográfico pero sobre todo indaga en el concepto mismo de Dios.

 

        ¿Qué es Dios? Dios es un ex policía mafioso de los bajos fondos de Bangkok. Dios existe y puede encontrarse en los lugares más inesperados y bajo las formas más insospechadas. La deidad se define en términos clásicos como la omnisciencia, la omnipotencia, la inmortalidad y la superioridad. A la hora de rodar, Winding Refn le susurraba al oído al actor Vithaya Pansringarm: “tú eres Dios”. Y aunque su interpretación es profundamente personal, todos esos atributos están ahí: Dios es Chang. En primer lugar, Chang sabe todo lo que pasa a su alrededor: quién asesina a quien, quién controla tal lugar, tal otro, cuáles son las redes y bandas que existen… Sabe exactamente lo que hay que hacer, a quien “visitar”, a quien torturar, a quien matar, pero también a quien perdonar: es omnisciente. Chang, al contrario que Julian (Ryan Gosling), domina el arte del Muay Thai  , sabe qué golpes asestar, dónde y con cuanta intensidad, dependiendo si el objetivo es matar o herir, dotándolo de un aura de omnipotencia. Esto convierte a Chang en inmortal, ya que sobrevive a todos, es el único con la fuerza suficiente para mantenerse en pie a pesar de que los demás caigan a su alrededor. Y el hecho de ser el único capaz de resistir sin un solo rasguño (físico, mental, psicológico, emocional, de cualquier tipo) le hace elevarse por encima de todos. Por eso es Chang el que canta en la tarima del local y por eso son los policías, sus “apóstoles”, quienes escuchan, y de ninguna manera es al revés.

 

            Lo más curioso del Dios de Refn es su relación con la violencia. Chang está por encima del bien y del mal pero se mueve entre dos mundos: el de la policía y el de los delincuentes, teóricamente el del Bien y el del Mal. Es la visión de un Dios salvaje cuya única forma de enseñar (¿o lo que quiere es dominar?) al hombre es mediante la violencia y el castigo. Chang quiere enseñar a Choi (Kovi Wattanakul) como enfrentar sus problemas y para ello le da la oportunidad de enfrentarse directamente al asesino de su hija. Pero después de ello lo castiga cercenándole el brazo, reafirmando su autoridad, tanto educativa como punitiva, a través de la violencia. Siempre hay una voluntad pedagógica en lo que hace, ya sea torturar a Byron (Byron Gibson) o dar una paliza a Julian: así aprenderán sus propios límites y cuál es el lugar que les corresponde.

 

         Julian, solo en el mundo antes y después de la muerte de su hermano, busca algo, pero no sabe muy bien qué, hasta que Chang aparece en su vida. Por fin ha encontrado a Dios, al que persigue por las calles de Bangkok para agarrarlo y poder entender el mundo en el que vive y su papel en él. Equivocadamente, porque los mortales no pueden comprender la voluntad divina, Julian propone a Chang una pelea (“Wanna fight?”) de la que aprenderá que no se puede vencer a Dios y de la que extraerá una valiosa lección: el perdón. Tal y como reza el título de la película, “solo Dios perdona”, y dado que, según la tradición judeo-cristiana, “el hombre está hecho a su imagen y semejanza”, Julian aprenderá a perdonar (véase el final).

 

        La película no es más que un enfrentamiento entre el hombre y Dios, una lucha de la que el hombre siempre saldrá perdedor pero que le proporcionará valiosas lecciones. El envoltorio puede parecer en múltiples ocasiones pretencioso hasta límites insospechados pero el danés sabe perfectamente lo que hace. Muchos pueden argumentar que hay desprecio hacia el público, que el cine es la forma onanista que Refn tiene de expresarse. Sin entrar en consideraciones personales que pueden o no tener fundamento, es indudable que el cine de Refn tiene muchas más capas de las que podría parecer tras su habitual estética y eso es mucho más de lo que se puede decir de otros directores supuestamente consagrados. Only God Forgives tiene los atributos necesarios para ser redescubierta y colocada en su justo lugar con el tiempo.

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