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Personajes vacíos en Midnight Special (Jeff Nichols, 2016)

02.11.2017

 

            Hace un tiempo hablamos del potente final de Take Shelter (2011), la obra maestra con la que Jeff Nichols se dio a conocer internacionalmente. Su siguiente película, Mud (2013), aunque entusiasmó a muchos, supuso una ligera pérdida de calidad. Y después, con Midnight Special (2016), la caída se acentuó todavía más: en este drama familiar de ciencia ficción no funciona absolutamente nada.

 

            Midnight Special cuenta el viaje de Roy (Michael Shannon) y su hijo Alton (Jaeden Lieberher), un niño con poderes especiales, para llegar a un misterioso lugar del sur de EEUU. La premisa ya nos remite a otras historias de sobra contadas (algunas mejor y otras peor) pero la película no es capaz de aportar nada diferente. Nichols se basa exclusivamente en la premisa del “¡corre, corre, corre!”, negligiendo todo lo demás. Lo único que hacen los personajes es huir, de aquí para allá, en coche, a pie, de noche, de día... Y no hay nada más. La película empieza in medias res, saltándose completamente la introducción de los personajes. Al principio resulta muy gratificante, porque entramos al meollo de la cuestión en seguida. Pero el problema es que esa introducción, ese background de los personajes que necesitamos para saber quienes son, no llega a pasar nunca.  No se invierte el más mínimo esfuerzo en contarnos nada de Roy y de cómo nació Alton; de cómo acabaron en aquella extraña secta; de cómo Calvin (Sam Shepard) crió a Alton durante dos años... ¡Ni siquiera de qué va exactamente esa secta! Toda la información que realmente nos interesa (porque la fuga, las persecuciones y los tiros no son más que Macguffin) es quiénes son estas personas y por qué debería preocuparme por ellos. Como espectador me encantaría conocer más a Lucas (Joel Edgerton), el policía estatal que lo deja todo de la noche a la mañana para proteger a este niño especial. O el personaje de Sevier (Adam Driver), que está profundamente fascinado por el niño pero del cuál no nos cuentan el por qué ni tampoco los motivos que tiene para ayudarles.

 

               Otro elemento en el que no se invierte nada son los poderes especiales de Alton. Lo único que sabemos es que le sale luz por los ojos y es capaz de interceptar las telecomunicaciones. Pero ¿de qué forma cambia eso su entorno y sus relaciones personales? Se puede ver que es especial y merece ser protegido, pero se agradecería alguna escena en la que veamos cómo seduce a la gente con esa mezcla de fragilidad y fuerza sobrenatural. En el caso de E.T., el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), el niño y el extraterrestre se hacían grandes amigos y eso hacía que hubiese algo por lo que luchar; en la primera temporada de Stranger Things (Matt y Ross Duffer, 2016), de nuevo se entablaba una gran amistad entre personajes solitarios y evitar que los malos se llevasen a Eleven tenía un sentido. Pero en Midnight Special nadie trabaja la relación de Alton con los demás, no hay un elemento emocional que le una con fuerza al resto de personajes. Roy le quiere yº hace de todo por él; sin embargo, no conocemos otro motivo para que lo haga más allá de un amor incondicional de padre.

 

             Por último, hay decisiones que dejan en evidencia su pobreza narrativa. Por ejemplo, la secta. La película empieza de forma potente con la irrupción del FBI en el lugar de culto de una congregación liderada por Sam Shepard. No puede sonar mejor. Y, sin embargo, la secta se va quedando cada vez más atrás a medida que avanza la trama hasta diluirse totalmente. Esto deja en evidencia el utilitarismo barato del que se sirve la película. Esa secta no es más que un obstáculo a superar por los personajes. Desde un punto de vista técnico, funciona (pero sin entusiasmarnos): hay unos tipos peligrosos que persiguen y hieren a nuestros personajes. Perfecto, no lo iban a tener fácil. Sin embargo, como no se le da continuidad, queda en evidencia el recurso narrativo. Desde el principio parecía que el villano de la película sería alguien tan estimulante como Sam Shepard en el papel de un pastor fanático. Pero, por arte de magia ¡puf! Desaparecen todos los sectarios y las referencias al extraño culto. Y ¿para esto fichan a Sam Shepard?

 

       Una aproximación bastante más interesante habría sido centrarse en la infancia de Alton, en el proceso de asimilación de sus habilidades y de cómo busca su lugar en el mundo. Esto habría conseguido una historia mucho más sólida, especialmente porque estaría basada en lo único importante: los personajes. Alton sufriría, se enfadaría, encontraría una forma de sobrellevarlo todo (o no), pero, en última instancia, habría emociones. Eso es lo más importante cuando se hace una película, y parece que a Nichols se le ha olvidado. Seguimos a la espera de que nos sorprendas de nuevo, Jeff.

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