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Acerca del final de Take Shelter (Jeff Nichols, 2011)

12.10.2017

 

      En 2011, un director estadounidense poco conocido consiguió colar su segundo largometraje en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Take Shelter (Jeff Nichols, 2011), una indie que dibujaba un retrato de la locura con toques fantásticos, entusiasmó a los críticos y se llevó el Gran Premio de la Semana de la Crítica y el premio FIPRESCI. En aquella edición de Cannes, la Palma de Oro fue para un imbatible Terrence Malick (por El árbol de la vida), pero eso no impidió que su director, Jeff Nichols, irrumpiese de forma arrolladora en el panorama internacional. Durante los años siguientes se le ha seguido de cerca por la construcción de sus personajes y su narrativa atmosférica. Pero el final de la película también generó mucha polémica para muchos, que lo vieron como un broche innecesario que destruía todo lo que se había construido. Pero antes de valorar aquel final ¿de qué trata exactamente Take Shelter?

 

            La locura es un tema recurrente tanto en literatura como en cine como en todas las expresiones artísticas. Dejando de lado la muerte y el sexo, el ser humano está siempre pendiente de su cordura, constantemente atemorizado de perder el norte. Take Shelter lo aborda desde la contención, la economía de información y, sobre todo, desde la ambigüedad. La premisa del filme es que Curtis (Michael Shannon) empieza a tener sueños sobre una gran tormenta que va a arrasarlo todo.  Pero el director juega muy astutamente con el punto de vista: Curtis tiene un historial de esquizofrenia en su familia y le aterroriza la idea de acabar como su madre. Y sin embargo, aunque sabe perfectamente que lo que ve en sus sueños no tiene sentido, no puede evitar tomar acciones contra esa amenaza imaginaria. Por lo tanto, la película va poco a poco amplificando la esquizofrenia con situaciones socialmente inaceptables o decisiones perjudiciales para la convivencia familiar. Esa espiral provoca que le despidan del trabajo, se pelee con su mejor amigo e incluso eche a perder la operación de implante coclear de su hija sorda.  Curtis se va volviendo definitivamente loco y, aunque al principio no queda claro si se trata de un visionario incomprendido, a medida que avanza la historia vamos viendo que se trata más bien de una deriva esquizoide y que se trata incluso de un personaje peligroso. Sin embargo, cuando ya nos hemos hecho a la idea, tiene lugar la última secuencia de la película, “LA” secuencia. Por recomendación del psiquiatra, Curtis y su familia se toman unas vacaciones en la playa. Mientras padre e hija juegan en la arena, de repente empieza a levantarse viento y a oírse truenos: una gran tormenta, como las de los sueños de Curtis, se aproxima desde el mar. Sam (Jessica Chastain), que hasta entonces ha tratado a su marido de loco (aunque con cariño), de golpe se enfrenta con una realidad inesperada: Curtis tenía razón. Pero ¿cómo puede ser?

 

            Muchos espectadores consideraron que este final ensuciaba la buena marcha que había tenido la película hasta ese momento. Con su impecable dominio de la atmósfera y la cocción a fuego lento, Nichols había construido un relato impresionante sobre la pérdida del contacto con la realidad. Y, de pronto, al acabar la película ¿resulta que no estaba loco? Que ¿había tenido razón todo el rato? Las interpretaciones pueden ser muchas, pero hay una que sobresale de forma evidente. Ese impresionante final consigue reconciliar las dos grandes ideas con las que juega la película: locura y razón. En realidad, la historia tiene dos finales consecutivos. El primero, en el despacho del psiquiatra, representa la confirmación de que Curtis tiene problemas mentales: un psiquiatra le prescribe el ingreso en un “centro especializado”. El segundo es el ya mencionado con la tormenta, con el cual se confirma que Curtis estaba en lo correcto y había que prepararse. Nichols concluye sus reflexiones sobre locura y cordura con sendos finales. Pero la verdadera magia de Take Shelter es que ambos no son solamente compatibles, sino complementarios. Con el primero queda claro que Curtis ha perdido la cabeza, no por tener visiones, sino por el deterioro de sus capacidades sociales: la visceral advertencia que lanza ante la comunidad o la construcción del refugio dejan claro que ya no tiene el control de sus actos. Por tanto, aunque el segundo final signifique que tenía razón en todo momento, eso no quita que sus actos hayan sido los de un verdadero maníaco. Es decir, Curtis ha perdido totalmente la cabeza, quizá precisamente por esas mismas visiones pero que en ningún momento justifican las acciones que toma. Pero al introducir la tormenta, Nichols también redime al personaje y nos hace reflexionar sobre qué define exactamente la locura ¿las visiones o los actos?

 

            Take Shelter sigue siendo una joya narrativa con un personaje repleto de matices, por no hablar de una interpretación espléndida de Michael Shannon. Con un ritmo pausado, la narración va añadiendo capa tras capa, aumentando la presión cada vez más. Gracias a Michael Shannon y a Jeff Nichols, Take Shelter será recordada no por su efectismo (un giro de guion lo hace cualquiera), sino por el empaque y la solidez que consigue.

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