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Slow West (John Maclean, 2015) no sabe bien qué contar

19.01.2017

 

            La premisa es un clásico del género y la presencia de Michael Fassbender podía ser un buen aliciente para hacer de Slow West la enésima vuelta de tuerca al western. Sin embargo hay un problema de enfoque, nunca se sabe exactamente de qué va la película.

 

          Por un lado, está Kodi Smit-McPhee que quiere reunirse con su chica; por otro Fassbender que a la vez ayuda a Smit-McPhee y quiere cobrar la recompensa; luego están los forajidos; y por último Caren Pistorius y su padre Rory “El Perro” McCann, que viven atemorizados en el lejano oeste. El objetivo de Smit-McPhee está claro pero no lo está tanto su verdadera intención: ¿realmente cree que va a llegar y conseguir a la chica sin más? Es un personaje demasiado blando, sin sangre en las venas, que genera cierta irritación. En cuanto a Fassbender, la película confunde al espectador, que al principio cree que le está ayudando, luego se da cuenta de que no, luego llegan los forajidos y parece que efectivamente, pero luego sí. Si se quiere jugar a la ambigüedad por cuestiones de suspense, adelante; pero entonces el juego tiene que estar más claro, debe hacer partícipe al espectador porque tal y como está llevado sólo sentimos desorientación. Y los forajidos son los que peor jugados están de toda la película. Tienen una presentación prometedora, pero desaparecen sin dejar rastro hasta casi el final. El personaje de Ben Mendelsohn está totalmente desaprovechado, a pesar de tener un gran potencial carismático. Y el resto de forajidos apenas si son presentados con un primer plano a regañadientes. Sin dibujar con más detalle a los antagonistas, ¿cómo vamos a temerles? ¿Qué miedo pueden infundir si solo les hemos visto la cara? Se echa de menos alguna acción violenta por su parte para que, como espectadores, veamos que van en serio y representan un verdadero peligro para Smit-McPhee.

 

           Lo mejor que tiene la película en cambio, es una estética extremadamente cuidada, con cada plano compuesto hasta el más mínimo detalle. Se nota, tras cada corte, que tanto el director como el director de fotografía han empleado tiempo en colocar los elementos, en jugar mucho con las perspectivas y en explorar las posibilidades del paisaje. Sin embargo, todo este virtuosismo formal no funciona si la película se queda vacía de contenido. Una némesis positiva de Slow West es la magistral Bone Tomahawk (S. Craig Zahler, 2015): un western muy lento pero que avanza a paso arrollador en una dirección que poco a poco se va haciendo cada vez más evidente y mantiene al espectador enganchado. Eso es lo que le ha faltado a Slow West: no tiene gancho.

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