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El demonio del manierismo: The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016)

06.12.2016

 

             Si por algo va a marcar Nicolas Winding Refn la historia del cine es por su carácter de provocador irredento y su capacidad para crear las imágenes más desagradables y al tiempo más potentes. Nicolas, o NRW, su firma en The Neon Demon, ha vuelto tras Only God Forgives (2013) manteniendo su espíritu con ese característico estilo hipermanierista e inconformista que le define. Esta vez ha decidido a lanzarse a una temática que él conoce a la perfección: la belleza, en su sentido más depurado.

 

           The Neon Demon pretende explorar la profunda influencia que tiene en el ser humano el concepto de belleza. Sólo ante los casos más “puros” somos capaces de consensuar la existencia de una “belleza absoluta”. Y esa no es otra que Jesse (Elle Fanning), la nueva modelo llamada a ser la próxima gran estrella. NWR aprovecha la temática para seguir depurando su cuidadísimo estilo con composiciones propias del mundo de la publicidad, un fascinante uso de los colores primarios y la iluminación y una dirección de actores totalmente irreal. Cada plano es una obra maestra en el que los conceptos de equilibrio, peso y movimiento se relacionan de forma asombrosamente armónica y agradable a la vista. Refn es daltónico y solo percibe los colores primarios y las diferencias de contraste. Lo genial es cómo ha sabido aprovechar creativamente lo que para cualquier otro habría sido un impedimento en un medio tan dependiente del manejo del color. En cuanto a las interpretaciones, cómo ya vimos en sus anteriores trabajos, los actores son meros modelos, maniquíes que utiliza a voluntad, que mueve de aquí para allá, que no tienen ningún gesto superfluo. Aunque son capitales en las composiciones, NWR los mueve y los coloca en el cuadro como si de attrezzo se tratara.

 

        Sin embargo, surge la eterna cuestión: ¿está la forma a la altura del contenido? Definitivamente no. A pesar de esa estética cautivadora, la historia de The Neon Demon la hemos visto demasiadas veces. Se podría haber reflexionado de forma mucho más profunda sobre cómo la belleza define nuestra visión de la realidad y nuestra relación con ella, pero nos quedamos en un mero retrato de lugares comunes: la rivalidad entre modelos, la ambición, la mercantilización de las personas, la vacuidad... ¿Dónde está ese afán de descubrimiento que había en Only God Forgives? A NWR le ha podido su propia estética, que ha devorado la película y se la ha devuelto con un envoltorio cautivador, pero anodina en su interior. Sí, su utilización de la metáfora es siempre estimulante, pero una vez desentrañamos su sentido nos encontramos con unos significados totalmente desgastados por el uso. El espectador se entretiene intentando interpretar en clave intelectual lo que sucede, pero no para de encontrarse con un muro: el esfuerzo invertido no obtiene recompensa.

 

               El único gran valor que le queda es el de la provocación. La sola reflexión interesante en The Neon Demon es sobre la muerte. Se nota cómo el danés se divierte explorando la eterna relación entre eros y tanatos, cómo la belleza y por tanto el deseo está intrínsecamente relacionada con la muerte. No hay diferencia entre matar y hacer el amor con un cadáver, las líneas pueden difuminarse peligrosamente. El personaje de Jena Malone encarna a la perfección esa vertiente enraizada en lo más profundo del ser humano: maquilladora de modelos por el día y de cadáveres por la noche. ¿Cuál es la diferencia? Incluso el propio personaje de Elle Fanning experimenta esa sensación, en su agonía final, cuando observa cómo sus asesinas lavan los restos de sangre en una sensual performance bajo la ducha. Belleza y crueldad se funden y crean algo superior, sublime incluso. Ahí encontramos de nuevo al verdadero NWR. Pero esta reflexión representa una pequeña parte de la película, que se desinfla como un globo sin aire.

 

           Se plantea por lo tanto la siguiente pregunta: ¿se empieza a agotar la fórmula Nicolas Winding Refn? Con esta película puede que el espectador sienta cierta fatiga, una sensación de déjà vu que sugiere que el danés ya no está aportando nada nuevo. Drive (2011) fue su gran explosión, Only God Forgives la polémica y el summum de su estilo y The Neon Demon parece que a nivel estético se mantiene en el top, pero pierde muchos puntos por la reflexión. La revista Cahiers du Cinéma la ha incluido en su lista de las mejores películas del año, pero ¿realmente se merece tanto? Solo nos queda esperar con ansia, todo hay que decirlo, a la siguiente e incómoda entrega del, en cualquier caso, gran autor danés.

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