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La subversión frustrada de Captain Fantastic (Matt Ross, 2016)

06.10.2016

 

             El desarrollo de una actitud crítica hacia el mundo que nos rodea debería marcarse siempre como nuestro principal objetivo. Leer, informarse y reflexionar son condiciones sine qua non ese desarrollo del pensamiento no puede tener lugar. Sin embargo, en la sociedad de Twitter, de Sálvame y de Snapchat es tremendamente complicado sacar el tiempo necesario para leer y enriquecerse intelectualmente. Nos acostumbramos a reflexiones de usar y tirar, a hacer scroll por los titulares sin interesarnos por el contenido, a leer opiniones superficiales de gente superficial simplemente para estar informado de lo último. Pero ¿acaso hacemos algo con esa información? El resultado, en una parte de la población al menos, es el de un adormecimiento, un atontamiento de las mentes que se conforman con mirar fijamente la televisión.

 

       Captain Fantastic nos propone una forma de luchar contra ese embobamiento, nos habla de otras posibilidades no mejores o peores, pero al menos sí diferentes de hacer algo tan simple como pensar. La forma en que Ben (Viggo Mortensen) cría a sus hijos tiene tanto de admirable como de cuestionable. Por un lado, él mismo se encarga de su educación con un estricto programa de lectura y comentarios de humanidades, ciencias sociales y naturales. Por otro lado, se encarga de fomentar una forma de vida saludable con mucho ejercicio, alimentos naturales no elaborados y comunión con la naturaleza. Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando los chavales deben enfrentarse a las interacciones sociales, para las que no están preparados al conocer el mundo sólo a través de los libros. Una cosa es conocer las teorías de Noam Chomsky o Trotski y otra distinta es ligar con una chica fuera de esa arcadia forestal. Ahora bien, la verdadera pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué salir a un mundo aborrecible, lleno de grasas saturadas y obscenos despliegues de opulencia? En la película este problema sólo se plantea momentáneamente (un funeral), pero su vida puede continuar en el bosque sin mayores complicaciones.

 

            En este sentido hay cierto momento en que la película claudica, en el que el planteamiento tan valiente y subversivo choca contra el muro del sistema. Ante el riesgo de que le arrebaten la custodia de sus hijos, Ben es domesticado y dulcifica sus ideales para que encajen en esa estructura en la que todos estamos cortados por el mismo molde. Algunos dirán que no, que en realidad sigue siendo el mismo, que sigue comiendo productos ecológicos. Pero que eso no oculte que se convierte en un americano más, de esos que preparan el almuerzo a sus hijos, de los que les envían a la escuela a que se enfrenten a los matones, a los populares, a los freaks, a toda una serie de estructuras sociales alienantes de las cuales ya habían escapado antes de nacer. El mensaje final de la película es que seas diferente, adelante, pero tampoco mucho, que hay que encajar en esta sociedad capitalista.  

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