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Mentiras blancas: Florence Foster Jenkins (Stephen Frears, 2016)

14.10.2016

 

         Prácticamente cada día de nuestra vida mentimos un poquito a nuestros conocidos para evitar decir una verdad incómoda. “¿Qué tal me sale este paso de baile?”; “¿qué te parece mi último corto?”; o “¿qué opinas de mi última crítica?”. “Ehm... Me gusta la técnica”; “¡La iluminación estaba muy bien!”; o “cuánto vocabulario tienes ¿eh?”. Ya conocemos esa situación, pero nuestro afecto por quien nos pregunta es suele ser superior al deseo de decir una verdad cruel y devastadora. Porque al final, lo que importa es la otra persona. De eso trata Florence Foster Jenkins, de cómo protegemos a quienes no pueden de la, en ocasiones, dura verdad.

 

           A priori parece una lección terrible, un modus operandi cuestionable y que, en el fondo, en nada ayuda a los demás. Sin embargo, en el caso de personajes como Foster Jenkins, es una opción más que válida. ¿Por qué no podemos seguir nuestros sueños si no somos buenos en ello? ¿Acaso la aptitud debería ensombrecer a la actitud? Foster Jenkins amaba la música y no permitió que nadie ni nada (por supuesto, era rica) se interpusiese en su camino. Tuvo la capacidad, de una forma u otra, de cumplir su sueño de cantar. Y lo hizo nada más y nada menos que en el Carnegie Hall, uno de los teatros más selectos de Nueva York. Pero lo que se desprende de la película es que la chanza suprema a la que era sometida le salpicó mucho menos de lo que cabría esperar. Y todo gracias a su marido St. Clair, devoto de su esposa hasta la médula. Él hizo posible que, a pesar de los obstáculos, Foster Jenkins tuviese la oportunidad que el talento no le había dado.

 

        Florence Foster Jenkins funciona a la perfección como comedia con una Meryl Streep impresionante, como siempre, y con una vis cómica desternillante; Hugh Grant también sorprende con una interpretación a la vez muy elegante pero llena de flema inglesa; en cuanto al tercero en discordia, Simon Helberg (Howard Wolowitz en The Big Bang Theory), su interpretación no llega a la altura de sus compañeros, dejándose llevar por el histrionismo y por querer evidenciar el humor. La película tampoco pretende hacer disquisiciones sesudas sobre el lugar que los fracasados tienen en la vida sino más bien utilizar este tema como pretexto para construir una comedia ligera muy efectiva que arranca grandes carcajadas en cada sesión.

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