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La tensión del plano-secuencia en Victoria (Sebastian Schipper, 2015)

30.09.2016

 

            Alucinante. Lo que consigue esta película es simplemente impresionante. Alardes técnicos aparte, Victoria es una montaña rusa de emoción, tensión, suspense y acción que llega a límites insospechados e incluso insoportables. El planteamiento de la película en plano-secuencia resultaba curioso al inicio pero no terminaba de quedar clara su utilidad. Pero a partir del momento en que se plantea el robo del banco la película sube enteros descontroladamente. Al establecer las reglas de la acción en tiempo real, los momentos de suspense se magnifican de forma brutal debido a que, como espectador, sabes que no va a haber ningún corte sino que vas a tener que esperar a que lo que tenga que suceder pase como en la vida real. Y eso es desesperante (para bien), tiene un poderío emocional difícilmente alcanzable mediante el montaje

 

            Sorprende asimismo pensar que todo lo que sucede en Victoria pasa en apenas dos horas y cuarto, en que no hay manipulación: todos esos eventos, todas esas emociones podrían haber sucedido mientras estábamos sentados en la butaca. ¡¿Cómo es posible?! Alegría, tristeza, desesperación, euforia, amor, odio, miedo, locura… Todo eso sucede un tiempo muy limitado.

 

            En términos narrativos es interesante como, a pesar de no tener cortes, el tiempo parece elidirse, expandirse y contraerse en ocasiones. Es brutal como se manipula la percepción del tiempo. Las dos secuencias en las que se elimina el sonido diegético y se deja lugar a una música ambiental extradiegética se produce una gran distorsión temporal: tienen una duración real determinada pero pueden funcionar como secuencias de montaje que resumen horas y horas. Este resultado es algo inédito y fascinante desde un punto de vista narrativo porque la película explora nuevas posibilidades (y le sale bien). En otras ocasiones, debido a la relatividad, los tiempos parecen alargarse de forma dolorosa, como cuando Victoria espera a que salgan del banco. Ahí el director juega con la percepción del espectador, forzándole a que su sensación del tiempo sea mucho más dilatada de la que es realmente. Como se puede ver, el trabajo de ritmo interno de esta película es algo digno de un estudio en profundidad porque no es fácil encontrar una película hecha en plano-secuencia (sin trampa, al contrario que Birdman) que tenga ese ritmo tan brutal. Eso sí, la película deja al espectador extenuado emocionalmente. Lo cual abruma y produce placer a partes iguales.

 

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