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Fascinación por la muerte en The Jinx (Andrew Jarecki, 2015)

30.09.2016

 

          Lo más fascinante de The Jinx: The Life and Deaths of Robert Durst es sin duda el misterioso personaje de Robert Durst. Es una personalidad fascinante, llena de claroscuros, carismático y aterrador. Andrew Jarecki es muy inteligente (aunque le caiga del cielo) al centrar toda la serie en la figura de Durst, porque es uno de esos personajes bigger than life que reta continuamente la comprensión del espectador: ¿quién es este tipo? ¿Por qué mató a esa gente? Y es que, aunque la serie parece que busca indagar y eventualmente demostrar que Durst asesinó a esa gente, en realidad se trata de un estudio de la personalidad problemática del multimillonario neyorkino. De ahí que Jarecki insista en su pasado, en cómo le impactó el suicidio de su madre y en cómo eso afectó a la relación con su poderosa familia. Da verdadera pena cuando la serie acaba porque estamos ansiosos por conocer más a este excéntrico asesino en serie.

 

           The Jinx tiene varios aspectos formales dignos de reseñar. Por un lado, están las recreaciones. Generalmente son de mala calidad y prescindibles, pero en The Jinx hay una estimulante puesta en escena, mucha inteligencia y una gran estilización que choca positivamente con el look documental (look de vídeo) del resto de la serie. Por otro lado, estamos ante un producto bastante más accesible que Making a Murderer (Moira Demos, Laura Ricciardi, 2015), y Jarecki es mucho más formalista que Demos y Ricciardi. Pero cualquiera se rendiría ante el último capítulo de The Jinx. Por un lado, es sumamente interesante cómo se documenta la construcción del propio documental, pero lo verdaderamente valioso es cómo la incontrolable realidad irrumpe en el proceso creativo. El modo en que los cineastas encuentran la carta y lo aprovechan narrativamente es una de las trouvailles más fascinantes del documental. Ese pequeño gran hallazgo narrativo da un gran impulso a la trama y noquea al espectador. Pero lo que realmente es brillante de The Jinx es su último minuto. Después de construir al personaje y tras un último capítulo apuntándole directamente, cuando Durst se confiesa a sí mismo los crímenes, Jarecki prefiere retirarse totalmente (ya ha estado demasiado presente) y decide acabar ahí la serie. De esta forma termina arriba, con un final abierto, aunque en realidad bastante cerrado, y Jarecki se redime de alguna manera de la excesiva implicación moral que ha desarrollado hacia Durst. Sin duda uno de los mejores cliffhangers de la televisión y un gran aprovechamiento del género documental.

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