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Fail Safe (Sidney Lumet, 1964) o cómo narrar el fin del mundo

30.09.2016

 

        Fail Safe es un filme excelentemente construido, de forma artesanal, cuidando cada detalle y que se podría resumir en una palabra: suspense. Cuando Hitchcok daba su ejemplo de qué era el suspense en su entrevista con Truffaut hablaba de mostrar al espectador como se colocaba una bomba bajo la mesa de dos comensales y mostrar a estos charlando completamente ajenos. Pues Fail Safe no es más que eso: dos aviones cargados con dos bombas que van a desencadenar la IIIª Guerra Mundial.

 

      La puesta en escena es híper sencilla, con tres localizaciones principales (de las cuales una de ellas no es más que una simple habitación blanca con una mesa). No hay efectos especiales ni un gran presupuesto: todo se basa en un guion minuciosamente trabajado y en una impecable dirección. El guion está medido al milímetro, con continuas subidas y bajadas. Se tensa al espectador y se le relaja, se le tensa y se le relaja. Los personajes están bien delineados, el público se implica con ellos. En cuanto a la dirección, hay un muy buen equilibrio entre las acciones que suceden en las distintas localizaciones; una dirección de actores espléndida; y un manejo de los tiempos en el montaje excelente.

 

        Uno de los mejores momentos de la película es la primera llamada que Henry Fonda, el presidente de los EEUU, hace al primer ministro ruso. Hasta ese momento la película ha ido tensándose hasta llegar a un punto límite que parece el último recurso. En este momento Lumet monta un plano-secuencia fijo de 4 minutos (que parece durar una hora) con un tempo simplemente perfecto. No se necesitan más que dos personajes para crear una escena memorable. Estamos ante un clímax de 4 minutos, algo difícil de mantener y superar con éxito. Y sin embargo el ritmo interno que tiene y como los actores interpretan su texto la hace simplemente perfecta. Lo mejor de todo es que es la escena más anti cinematográfica de toda la película: en plano fijo, con una fotografía tan sobria que solo sirve para ver a los personajes y basada íntegramente en la interpretación de los actores. Y, sin embargo, contemplada en el conjunto de la película, es puro cine.

 

       Y ¿qué decir de uno de los finales más logrados de la historia del cine? Se trata de una conclusión que consigue infundir desesperación en el espectador al mostrar las imágenes de una inocente e ignorante Nueva York, sumida en sus quehaceres diarios, ajena a ese avión que va a descargar su mortífero cargamento en unos momentos. Y es que la película está tan bien construida y lleva al espectador con tanta elegancia que uno no puede creer que vaya a suceder de verdad. Y el final, con esos fotogramas congelados de acciones cotidianas, provoca una grandísima desesperación. Una película redonda, de principio a fin.

 

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