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Narración pura en All is lost (J. C. Chandor, 2013)

30.09.2016

 

        All is lost es la historia de un hombre que lo pierde todo. No le ocurre de golpe, si no de forma gradual y dolorosa. Sin embargo, él no se da por vencido tras cada mazazo, sino que lucha incansable hasta la extenuación. All is lost es una historia de supervivencia dura, cruda, sin florituras, sin distracciones. Un solo personaje contra las adversidades (que también podrían considerarse como otro personaje aparte).

 

       El concepto de la película recuerda a Essential Killing (Jerzy Skolimowski, 2010), donde un soldado afgano lucha por sobrevivir cuando, por azares de la vida, se encuentra en un bosque nevado en Europa Central. Lo más interesante de All is lost es como logra no solo captar la atención del espectador, si no involucrarlo en cada acción del protagonista, cuando apenas si suma diez palabras de diálogo en toda la película. All is lost es narrativa pura ya que no se adorna con grandes personajes, profundos psicológicamente y magistralmente interpretados; no tiene tramas hipercomplejas con inesperados giros de guion. Es, simple y llanamente, una historia. No hay más. Y ¿qué es lo interesante de esta historia? Que es la nuestra propia, es la del ser humano, es la más ancestral: la supervivencia. Robert Redford lucha toda la película contra sí mismo, no se deja vencer por la desazón, no se rinde a pesar de los golpes, si no que lucha continuamente. Eso es lo que captura al espectador: cómo reacciona el ser humano cuando se le lleva a sus límites. Su espíritu de supervivencia es lo que crea la empatía con el público porque todos queremos que sobreviva y cada pérdida es un golpe también para el espectador. Sin ir más lejos, el nombre del personaje, que nunca se menciona en la película, figura en créditos como Our man: nuestro hombre. El hombre del público, por el cual todos velamos y con el cual sufrimos y nos identificamos. No le conocemos de nada y a la vez sentimos que es parte de nosotros porque hay algo en él que todos compartimos.

 

          Por tanto, el gran mérito de la película es que una historia tan simple y tan poco adornada llegue de forma tan directa al público. La estructura es uno de los grandes pilares. En primer lugar, el film empieza por el final: la carta de despedida del protagonista. Eso da una información valiosa sobre el personaje que ayuda a la identificación desde el inicio. Y luego la película se embarca en una degradación continua: nuestro hombre va perdiendo y perdiendo hasta que se queda sin absolutamente nada. Cada cosa que se le arrebata hace más interesante la película, porque el personaje siempre se sobrepone, aunque con dificultades. Por eso nos preguntamos: y ahora ¿cómo va a hacer? Y de una forma u otra encuentra una salida. Se plantean conflictos cada vez más complicados con resoluciones cada vez más ingeniosas. Cada conflicto parece el definitivo, pero el personaje se supera a sí mismo y va más allá. Hay por tanto una serie de tensiones y distensiones muy bien ritmadas.

 

        El mérito es de un excelente guion (por cómo logra la identificación tan directa con el personaje), de un buen montaje (un manejo de los clímax adecuado y un buen ritmo) y, sin duda, de una excelente interpretación (pocos actores aguantan la cámara con tanta intensidad como Robert Redford).

 

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