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Chema García Ibarra: ciencia-ficción sencilla y de calidad

06.10.2016

 

            Los cortos de Chema García Ibarra, a pesar de ser ciencia-ficción, destacan por la gran verdad que rezuman. Sus personajes son absolutamente creíbles (al menos al principio), así como las localizaciones y especialmente la ciencia-ficción que plantea. Contaba el propio director que intentó hacer un corto siguiendo los estándares modernos del lenguaje del género (movimientos de cámara, música…) pero pronto se dio cuenta de que así no lograría llegar a donde quería. Y a pesar de todo la ciencia-ficción se abrió camino, aun careciendo de los recursos que supuestamente son necesarios para hacerla según los cánones genéricos. Y la forma en que Ibarra lo consigue es precisamente deconstruyendo el concepto de ciencia-ficción y logrando algo totalmente nuevo y fresco. Sus cortos El ataque de los robots de nebulosa-5 (2008), Protopartículas (2009) y Misterio (2013) mezclan robots y física con Murcia y personajes de barrio. La combinación es, efectivamente, explosiva.

 

            Sin embargo, su obra tiene dos problemas: el primero, es el ritmo, especialmente en sus últimos trabajos. En sus primeros dos cortos funciona a la perfección, los tiempos están muy medidos y son muy disfrutables. Pero a medida que la duración va aumentando sus trabajos se van haciendo cada vez más pesados. Esto se puede ver especialmente en su mediometraje Uranes (2013), donde la trama se diluye en una duración excesivamente contemplativa. Ibarra domina el ritmo lento en el formato corto, pero en este caso los planos son excesivamente largos (de principio, sobre todo) y las composiciones no son lo suficientemente buenas para resistir planos tan largos (y en ocasiones verdaderamente tediosos). Le habría venido genial una revisión por parte de un montador para que aflore lo verdaderamente importante del mediometraje y desechar la paja (que la hay). Algo similar también está presente en su último trabajo, La disco resplandece (2016), que aunque no llega al nivel de Uranes, si demuestra cierta tendencia a la contemplación. Uno de los motivos de esta evolución del estilo de Ibarra puede deberse a su contacto con el director Ion de Sosa, a quien asistió en el guion de Sueñan los androides (2014).

 

            El otro problema que tiene es que hasta ahora se ha dedicado al mismo tipo de narrativa. Sus cortos son diferentes y tiene una visión única y a la vez tierna y patética. Pero hasta ahora no han variado apenas ni la forma ni los temas que trata. Sólo ahora con La disco resplandece parece que se atreve a investigar otras temáticas, aunque siempre muy marcado por el carácter idiosincrático del director murciano. Durante una época siempre hizo el mismo corto, que al principio sorprendía gratamente, pero tras ver varios iguales se volvía monótono. Habrá que ver si el quiebro que ha marcado con La disco resplandece es permanente y le lleva a investigar nuevas posiblidades.

 

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