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Perfección formal y falta de moralidad en Whiplash (Damien Chazelle, 2014)

29.09.2016

 

            He aquí una gran paradoja. Whiplash es una película impecable, bien hecha, bien ejecutada y con un planteamiento a priori interesante. Pero es al mismo tiempo deleznable, aborrecible y denunciable. Circulan muchas lecturas y muchas versiones diferentes de qué cuenta, pero yo veo una inequívoca: la película justifica y defiende el método del profesor. La vejación constante y el maltrato físico no se pueden defender en ningún universo como un método pedagógico efectivo.

 

            La película se cuida de no defender al profesor en ningún momento, y de hecho uno nunca empatiza y sale del cine con la sensación de que es taimado y cruel. Pero es el tercer acto el que más indignación provoca. En el concierto final, a pesar de la maldad del profesor, el protagonista es capaz de sobreponerse y superarse a sí mismo tocando la batería de una forma que no se había visto hasta entonces. Es ahí cuando se establece una sincronía, una conexión clara entre los dos. Damien Chazelle, el director de la película, está en ese momento justificando el terrible maltrato sufrido por el alumno porque ha obtenido los resultados que se buscaban. No importa que al alumno le hayan quedado secuelas psicológicas y casi haya provocado su muerte, porque al fin y al cabo está claro que su dominio de la batería ha superado todas las expectativas. A fin de cuentas, el fin justifica los medios.

 

        En ningún momento hay crítica de ese método, no se muestran otros caminos por los que el alumno podría haber llegado a ese impresionante virtuosismo. Podría haber encontrado la motivación en su novia, en su familia, en los baterías clásicos, pero demuestra claramente que su única motivación es la crueldad del profesor. Por no hablar de la forma tan desinteresada y poco desarrollada en que el director aborda el tema de la denuncia por maltrato. El mero hecho de no ahondar en estos aspectos le convierte en cómplice, en culpable defensor de un método inhumano. Y, por si es necesaria alguna pista más: ¿porqué ningún personaje disfruta tocando su instrumento? ¿No es acaso la música un acto creativo que nos produce un gran placer?

 

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