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Artavazd Pelechian: la lírica del Otro Cine

03.08.2016

 

            Artavazd Pelechian es uno de esos autores en los márgenes a los que cuesta encontrar. Nacido en Armenia en 1938, Pelechian es uno de esos genios ocultos de lo que se ha dado en llamar “el otro cine”. Lo que hace que su filmografía, inferior a tres horas de duración, destaque por encima de muchos es un optimismo, que, mezclado con un cierto realismo crudo sobre Armenia en particular y sobre el mundo en general, crea una combinación de lirismo fascinante. Su obra es poética, evocadora, muy agradable al ojo y con un gran poderío visual. Una de sus virtudes es el uso que hace del montaje, la forma tan particular que tiene de relacionar imágenes para crear un estado de ánimo, una sensación o un mensaje. Su cine toca temas básicos del ser humano como el de la tierra, el devenir de la vida, el principio, el fin, la naturaleza, el ímpetu del ser humano, sus luces y sus sombras…

 

           Su obra es eminentemente antropocéntrica, basada en estudiar al ser humano y sus comportamientos desde una óptica que mezcla la poesía con la crítica. Contiene una contradicción inherente al ser humano, un amor-odio hacia nosotros mismos y nuestras acciones, sin duda uno de los aspectos más llamativos del director armenio. Incluso en Obitateli (Inhabitant, 1970), donde ni siquiera aparece en imagen el ser humano se le intuye de forma evidente. Hay una exploración de la relación del hombre con el mundo, especialmente en términos de armonía con la naturaleza. Esto se nota particularmente en Vremena goda (The seasons ,1975) pero también en Mer dare (Our century, 1982). En la primera hay un estudio de la relación simbiótica entre ser humano y naturaleza, en este caso representado por ovejas y montones de paja: el hombre cuida y se desvive por el que será su sustento. Este concepto de la filmografía de Pelechian se nota especialmente en el final de Vremena goda, en una secuencia antológica de la historia del cine en la que los pastores caen por la ladera de la montaña preocupándose exclusivamente de proteger a sus ovejas. La música, la cámara lenta y el montaje conforman una secuencia enormemente poética e hipnótica. En cuanto a Mer dare, se alaba la capacidad del ser humano de conseguir que las fuerzas de la naturaleza trabajen para él. La conquista del espacio no se produce a costa de la naturaleza, no se la violenta.

 

          Pero por otro lado también encontramos la faceta más crítica del ser humano, su violencia, sus ansias de control… Armenia es un pueblo con un gran sufrimiento a sus espaldas y es más que probable que haya influido en la filmografía de Pelechian. Esto se nota especialmente en Skizbe (Beginning, 1967) y en Obitateli. En la primera, un estudio sobre la Revolución Rusa, se expone la iniquidad del ser humano, su capacidad ilimitada para infligir dolor, miedo y odio en sus semejantes. En cambio, en Obitateli esa maldad sigue siendo inherente al hombre, aunque esta vez está dirigida a la naturaleza, mostrándonos así la otra cara de la moneda mencionada anteriormente.

 

          Por último, otro de los grandes temas también contradictorios es el amor por nosotros mismos. En sus últimas obras, Verj (End, 1994) y Kyanq (Life, 1993), hay una oda al ser humano y la grandeza de la vida. Kyanq, su única película en color, despliega admiración por la creación de la vida, por ser capaces de traer al mundo a más seres como nosotros. En cambio, en Verj su visión es más sobria, sosegada y, en mi opinión, profunda, porque equipara la vida con un tren en el que todos viajamos juntos, cada uno con su propio bagaje y sus propios objetivos. Es sin duda un canto al mundo y a sus habitantes.

 

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